Proyecciones económicas: José De Gregorio y María Cecilia Cifuentes.

José De Gregorio, Decano FEN U Chile:

“No vamos a estar en normalidad hasta fines del próximo año”

 

 

El economista, ex ministro y ex presidente del Banco Central, afirma que hasta que el virus deje de circular o esté vacunada la población, no se podrá hablar de normalidad, por lo que el funcionamiento de la economía depende de la evolución de la pandemia.

 

¿Cuál es su visión de la capacidad de recuperación de la economía en el corto y mediano plazo?

El desconfinamiento va a generar una recuperación mecánica, porque hay gente que podría estar trabajando pero no puede hacerlo por el confinamiento, hay actividades que dependen mucho de que se pueda salir y por lo tanto se van a recuperar. Eso no significa que la economía se va a recuperar completamente o que vamos a tener una normalización, esto va a ser largo y bastante lento. Yo creo que no vamos a estar en normalidad hasta fines del próximo año, en el momento en que estemos todos vacunados, que el virus se haya retirado o que tengamos un remedio súper efectivo, y esas tres cosas es difícil que se den pronto. No se trata de tener una vacuna a fin de año, es producirla, distribuirla, venderla, hacer miles de millones de vacunas, saber cuántas se van a necesitar por persona, es decir, es realmente una cosa que nos va a tomar muchísimo tiempo, y por eso no vamos a estar recuperados hasta un tiempo bastante más adelante, y así es como vamos a tener que aprender a vivir el próximo año y medio.

 

¿Qué factores son claves en este momento para mejorar la situación, incentivar el crecimiento, la inversión y recuperar empleos?

Hay tres medidas que son bastante importantes. La primera es la protección de ingresos de los hogares, que están sin ellos porque se les ha pedido que se queden en las casas para poder cuidarnos. Segundo, todo el apoyo crediticio a las empresas, particularmente a las empresas que tienen poca fuerza financiera para poder mantenerse, también va en la dirección correcta, y la ley de protección de empleo. La pregunta clave, de la cual no sabemos exactamente la respuesta, es cuánto de esto está llegando y hasta dónde, y por lo tanto es importante, en primer lugar, ver cuánto se debieran profundizar estas políticas dada la situación que estamos viviendo actualmente, en todos estos ámbitos. En el caso de protección de empleo, dado que podemos tener un aumento de desempleo importante y bastante difícil que se devuelva. Desde el punto de vista de demanda agregada, algo se puede hacer, pero no creo que sea lo más importante hoy, de hecho, hemos tenido un estímulo de demanda agregada bien importante con el retiro del 10%.

 

¿Qué rol pueden y deben tener las empresas en la recuperación?

Lo más importante para las empresas, y para toda la actividad, es que se establezcan los protocolos y el máximo cuidado respecto del contagio, primero, para proteger a su gente, hay una responsabilidad fundamental de proteger quienes vuelven a trabajar. Y la segunda cosa que es importante es que también tienen que proteger la actividad, y una empresa que tenga problemas, ya lo hemos visto, comercio, centros comerciales, donde haya fuente de contagio, debieran ser inmediatamente cerrados y entrar en cuarentena. Si queremos tener un proceso de apertura de la economía seguro y sin retrocesos, hay que ser muy cuidadosos en materia de proteger la salud del personal y de los clientes.

 

¿Qué oportunidades ve en la digitalización acelerada que ha provocado esto?

Muchísimas, en todo lo que ha significado la digitalización del comercio. Cuando uno ve esta área en países desarrollados, siempre mi sensación ha sido que los centros comerciales son lugares donde la gente va a mirar vitrinas y hacerse una idea, para después comprar online, no solo para no llevar paquetes sino que las tiendas, por razones de espacio, no tienen toda la oferta de productos. Uno va a la tienda, mira y después puede encargar todo online, ya la lógica estaba cambiando, y creo que eso se va a acelerar muchísimo. También en materia de trabajo, que se puede acercar por la vía digital a los lugares donde la gente vive. Eso va a significar una transformación muy grande en la demanda de oficinas, por ejemplo. Va a haber un cambio muy grande, y los cambios obviamente tienen costos y tensiones, pero va a ser un avance muy fuerte de la productividad. Ahora, el problema que viene es que, en estos cambios de productividad fuertes, hay mucho desplazamiento de fuentes de trabajo. Uno tiene que tener una economía suficientemente vigorosa para que la gente pueda encontrar empleo, no es que desparecen algunos empleos y nunca más va a haber empleo, lo importante es que hay que dar espacios para que aparezcan. Además, van a haber empleos con mucha flexibilidad, para gente que durante una parte del día puede dedicarse al delivery, por ejemplo, y en otras horas puede hacer otra cosa; tenemos que dar espacio para que esas cosas ocurran.

 

¿Cómo proyecta la situación de consumo y de las expectativas de las personas?

En materia de consumo, vamos a tener un aumento importante con el retiro del 10% de las AFP, porque una parte importante se va a ir a consumo, no sabemos cuánto pero será una cantidad muy grande. Se estima que el retiro podría llegar hasta 18 mil millones de dólares. Solamente pensando que el acuerdo fiscal por 2 años fue de 12 mil millones, estamos hablando de una cantidad muy importante. Ahora, algo de eso se va a ahorrar, hay gente que va a sacar su plata y la va a poner en otra cuenta, hay muchas opciones y no tenemos capacidad de predecir cuánto efectivamente se va a ir a consumo, pero obviamente una cantidad suficientemente grande, que va a tener un impacto relevante en este ámbito.

 

¿Es posible hacer alguna estimación en cifras de la situación para el próximo año?

Es muy difícil porque depende mucho de cómo sean las características del desconfinamiento, dependemos mucho de la situación sanitaria. En todo caso, el Banco Central está hablando de una caída de 6,5% para este año, que creo que es un número razonable. Podría ser más, yo creo que en algo va a ayudar el gasto que proviene del retiro del 10%. Por otra parte, uno debiera esperar una recuperación el próximo año, no completa, porque en la economía todavía van a haber sectores resentidos. Si este año caemos 6 o 7%, probablemente el próximo año, tal como lo indica el Banco Central, podemos estar creciendo a tasas en torno al 5%.

 

¿Qué cabe esperar de la economía global?

Lo mismo. Este fenómeno es bastante global, está pasando en el mundo entero. Todos se confinaron, algunas de las economías caen 10%, otras caen 7%. Incluso economías que tienen capacidad de confinarse bien, en Europa, donde incluso el Estado pagaba el sueldo en muchas empresas, por la naturaleza de su sistema económico y la capacidad del Estado y los mercados laborales, igualmente muchos de esos países van a tener caídas muy grandes del PIB. Si uno lo ve en términos de bienestar, o sea que la gente logró recuperarse, si la situación sanitaria es mejor que en el resto del mundo, probablemente van a tener capacidad de recuperación, pero básicamente lo que ocurre es que en el mundo entero tenemos la misma situación: un cierre de la economía, lo que significa una caída muy fuerte y, después, una recuperación muy fuerte también.

 

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María Cecilia Cifuentes, economista, docente e investigadora del ESE Business School de la Uiversidad de Los Andes:

“El aporte de la actividad privada nos va a permitir salir de la situación más complicada”

 

 

María Cecilia Cifuentes, apunta a la crisis político institucional como el factor más difícil para la recuperación. la crisis provocada por la pandemia, dice, no debería tener efectos al largo plazo.

 

¿Cómo evalúa la situación económica del país en el corto y mediano plazo?

Estamos enfrentando probablemente una de las situaciones más complejas en décadas. Desde el punto de vista del impacto económico de corto plazo, no es muy distinto a la crisis del año ’82. Ahora, si es solo por el tema económico y el tema del coronavirus, esto podría ser bastante más llevadero que lo que fue esa situación, porque esta crisis genera un impacto muy fuerte en el corto plazo pero, en sí misma, no tiene por qué generar efectos negativos permanentes. Como estamos viviendo dos crisis simultáneas, es interesante analizar el efecto separado de cada una.

La crisis del coronavirus tiene un impacto muy profundo en el corto plazo, pero en el mediano plazo tiendo a pensar que no. De hecho, si uno lo piensa a nivel macro, desde el punto de vista económico, esto tiene algunos impactos positivos, por acelerar procesos de transformación que significan mayor productividad en la economía. El teletrabajo, producir en forma más eficiente, el cambio a los dark stores, hacen que la economía pueda ser mucho más competitiva, con todos los ahorros de tiempo que significa la economía digital. Sí tiene impactos complejos a nivel micro, porque hay sectores que salen muy perjudicados con estos cambios y tienen que adaptarse.

Probablemente, las formas de transporte van a cambiar, hay varios cambios que hacer y hay empresas que van a quebrar y desparecer, pero finalmente, si uno lo piensa desde el punto de vista macro, todo ese cambio tiene que ver con este proceso de disrupción creativa, que es lo que permite que los países avancen. El problema es que se nos junta con nuestra otra crisis, que es la político institucional, y que es al revés: a lo mejor en el corto plazo no es tan marcadamente negativa, pero yo creo que genera impactos en el mediano plazo bastante negativos si hay un deterioro institucional y en las reglas del juego, un menor respeto a la propiedad privada y, de alguna manera, se modifican las bases que permitieron que Chile fuera el país con mejores resultados de América Latina en las últimas 3 décadas.

No sabemos todavía cómo va a terminar esta crisis institucional, pero sí le veo efectos permanentes negativos. El escenario es muy complejo porque tenemos esta crisis negativa de corto plazo del coronavirus, con una crisis más estructural e institucional, de la cual no sabemos cuál va a ser la salida, pero las señales no son muy auspiciosas. Si uno es más bien realista, las señales que da el mundo político las veo negativas. Es difícil estar muy optimista, lamentablemente.

 

¿Qué acciones se necesitan para mejorar la situación?

Siempre en la medida de lo posible, las empresas van a seguir cumpliendo el rol que tienen que cumplir y, en ese sentido, todo el aporte que pueda hacer la actividad privada es lo que nos va a permitir salir de la situación más complicada. Para salir de la crisis de corto plazo que genera el coronavirus, el aporte que pueden hacer las empresas es muy significativo, tiene un costo obviamente pero creo que se paga, que es ver de qué forma pueden volver a seguir teniendo actividad cumpliendo restricciones sanitarias porque, probablemente, vamos a tener el virus dando vueltas, en un escenario optimista, unos seis meses más, y no podemos pensar en una actividad paralizada por seis meses más de lo que ya llevamos, no es viable económicamente. En ese sentido, para mí es muy importante el esfuerzo que tendrían que estar haciendo ahora las empresas y, sobre todo, las organizaciones gremiales, para ir avanzando en formas de producción que respeten las restricciones sanitarias y que den relativa tranquilidad a los trabajadores, en términos de que no hay altos riesgos de contagio.

Es bien interesante que, cuando uno analiza países con sistemas y orientaciones políticas muy diversas, en los que han manejado mejor la crisis uno ve elementos bien importantes de responsabilidad individual de las personas y mayores niveles de confianza social, dos características en las que lamentablemente estamos débiles. Los dirigentes empresariales tienen un rol bien significativo ahí de, primero, apoyar a las empresas con un trabajo más científico para volver a tener actividad productiva con los mínimos riesgos sanitarios, de tal forma que los trabajadores puedan sentirse seguros para retomar sus puestos de trabajo.

 

¿Cómo lo han estado haciendo hasta ahora las empresas?

Mi percepción es relativamente positiva en términos generales, pero creo que hay un déficit que uno detecta en las empresas en Chile de décadas. Cuando uno analizaba encuestas como la Encla (Encuesta Laboral), que trataban de medir clima laboral y confianza de los trabajadores, los resultados siempre a mí me parecían más positivos de lo que se desprendía del discurso más político, de la CUT. En general los trabajadores siempre se mostraban bastantes contentos en sus empresas, con sus trabajos, pero donde había siempre un déficit, y que nos complica ahora, es en temas de comunicación horizontal y vertical dentro de las empresas. Ése es un desafío que todavía está presente, creo que esta crisis ha dado una oportunidad para que las empresas avancen en la línea de mejorar la comunicación con sus trabajadores, sobre todo por lo importante que es en una instancia como la que estamos viviendo, donde es tan necesario que los trabajadores puedan confiar en los liderazgos de las empresas y estén dispuestos por lo tanto a retomar actividades y a poner todo de su parte para que las empresas puedan salir adelante.

Las empresas también están en una situación complejísima desde el punto de vista financiero, y poder trabajar lo que viene con confianza y comunicación entre empleadores y trabajadores es muy importante. Las empresas, sobre todo a nivel de dirigencias gremiales, se han podido dar cuenta que lo que estamos viviendo ahora es muy difícil, pero es también una oportunidad de reconstituir confianzas, de mostrar mayor solidaridad con las personas que lo están pasando peor, y en eso ha habido avances.

 

¿Cómo proyecta el consumo una vez que las restricciones sanitarias se relajen?

Si el país es capaz de hacer un desconfinamiento relativamente ordenado, sin que haya rebrotes muy significativos, deberíamos esperar que el año 2021 la economía crezca, y en ese sentido, el consumo se recuperaría, pero esto sujeto a que no volvamos a los episodios de violencia que vivimos en octubre, y a que el calendario institucional resulte en un proceso relativamente ordenado. Casi uno podría decir que la recuperación de consumo depende más de variables políticas que económicas porque, desde el punto de vista económico, si logramos manejar la crisis sanitaria y no le introducimos variables institucionales negativas a la ecuación, veríamos el próximo año una recuperación de la economía, sin alcanzar todavía los niveles de 2019, con tasas de crecimiento que serían positivas.

La recuperación posterior va a depender de cómo se maneje el calendario institucional que tenemos por delante, que es muy desafiante, y yo veo difícil una salida muy positiva de eso si no se recuperan mayores niveles de amistad cívica. El clima de polarización que estamos viviendo tiene un impacto económico bien negativo, porque hace muy impredecible el escenario hacia adelante, lo que dificulta las decisiones de las empresas en términos de hacer proyectos de inversión y recontratar a los trabajadores que hayan perdido su empleo, y si no hay empleo, el consumo tampoco se dinamiza. Me tocó ir al Congreso a la discusión del proyecto del 10% y lo dije ahí: claramente, en mi opinión, la crisis política es mucho peor que el coronavirus, y depende de los liderazgos que tengamos que la podamos resolver bien y, por ahora, esos liderazgos no parecen muy claros.

 

Cuando se desató esta crisis, se pensaba que el impacto en la economía mundial sería acotado, ¿cómo lo ve usted?

El mundo desarrollado está saliendo de la situación más compleja, pero lo que estamos viendo es que va a retomarse una normalidad distinta, con menores niveles de actividad sujetos a la evolución de los contagios y, por lo tanto, está la probabilidad de la recuperación en W que se habla, en el sentido de que vamos a salir pero no de una sola vez sino entrando y saliendo, con niveles de actividad que van a ser bastante bajos pero no recesivos.

El mundo va a caer el 2020, vamos a tener una recesión mundial de una magnitud que no se había visto desde la segunda guerra mundial, pero el 2021 va a volver a crecer, a lo mejor no a un ritmo lo suficientemente alto como para recuperar la caída. Y hay también a nivel mundial, a lo mejor no de la gravedad que tenemos en Chile, problemas geopolíticos. Está el conflicto entre China y Estados Unidos que sigue presente y durante esta crisis ha tendido a agravarse, y también este año vamos a saber de las elecciones en Estados Unidos. En mi opinión personal, es un poco mejor para el mundo que saliera elegido Biden en vez de Trump, en términos de los riesgos geopolíticos, y al parecer por ahora ése parece ser el escenario. Ahora, tampoco uno debería pensar que la salida de Trump signifique que se acaban los conflictos con China, creo que eso llegó para quedarse en forma más permanente, pero sí debería ser una situación mundial un poco más predecible que lo que tenemos con Trump que es bastante impredecible en sus reacciones. El analista internacional Moisés Naim habla que el mundo está enfrentado a las 3 P: populismo, polarización y post verdad. Un mundo más polarizado, con una tendencia creciente de populismo, y además lleno de noticias falsas y que, como perspectiva de mediano plazo, es más complejo. MyM

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