“Es muy relevante gestionar sistemáticamente una cultura empresarial de alto estándar ético”

– Bernardo Larraín, presidente de la Sofofa

El líder empresarial dice que la rentabilidad de las empresas solo es sustentable en el largo plazo si procura el desarrollo de las comunidades vecinas, el crecimiento de las personas que trabajan y el trato justo con proveedores y clientes.

Cumplido su primer año como presidente de la Sofofa, Bernardo Larraín siente que ha logrado posicionar los dos pilares estratégicos que se planteó para su gestión: ser un actor confiable e incidente en el debate de políticas públicas, y promover una evolución empresarial. “Si emplazamos al Estado y los gobiernos para que implementen políticas públicas que sean pro crecimiento, pro inversiones y pro desarrollo integral, también tenemos que emplazarnos nosotros mismos como empresas para evolucionar, compartir buenas prácticas y experiencias”, acota.

Trabajando por promover políticas públicas de modernización del Estado, con énfasis en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental –“¿por qué Australia es capaz de aprobar un proyecto minero en la mitad del tiempo que lo hace Chile, es que tiene menores estándares ambientales? Claramente no”-, de modernización del Código Tributario y digitalización del Estado.

¿Qué desafíos y metas se plantea como prioridades para su segundo año?

En cuanto a evolución empresarial, hemos hecho un documento con buenas prácticas que recomendamos a las empresas socias. Va a cambiar todos los años, es un proceso dinámico y permanente porque se nutre de las experiencias de las empresas implementando las buenas prácticas que recomendamos. Abarca diez dimensiones como transparencia, gobierno corporativo, relaciones con comunidad y proveedores, innovación, etc. Es una guía, cada empresa decidirá si las adopta o no; quizás hay empresas que tienen una mejor manera de enfrentar un tema que lo que estamos recomendando nosotros. Esa experiencia la vamos a incorporar para que este documento sea dinámico. Es un insumo fundamental para un instrumento de autoevaluación que está desarrollando una entidad independiente de Sofofa, el DICTUC, que recibe toda la información de las empresas en función del avance en el cumplimiento de estas buenas prácticas, las procesa y elabora un índice de autoevaluación que le sirve a la empresa para gestionar sistemáticamente la incorporación de buenas prácticas en su gestión.

Hay más de 20 empresas que están usando el instrumento y nuestro objetivo es que todas las empresas socias lo usen. Nosotros creemos que es muy relevante que, cuando hablamos de buenas prácticas empresariales, se adapten a la realidad chilena, que es distinta a la empresa inglesa o norteamericana. Por eso nuestro sello diferenciador es que sea un instrumento que se nutra con la experiencia de las empresas chilenas gestionándose en Chile.

¿Cuáles son los lineamientos del nuevo Código de Ética Empresarial presentado por la SOFOFA?

Es una carta de ética, la anterior estaba vigente desde los ’50 y nos pareció que era un buen momento para actualizarla. Básicamente son principios y lineamientos, es distinto al documento de Evolución Empresarial que tiene buenas prácticas empresariales concretas en diez dimensiones. La carta de ética son 19 principios y lineamientos que dicen relación con lo que inspira a un gremio como la Sofofa. Por supuesto que es una base fundamental para el documento de Evolución Empresarial. Por ejemplo, establece que la empresa debe procurar un desarrollo económico, para lo cual es fundamental ser rentable para sus accionistas y procurar el desarrollo social de las comunidades vecinas, tener un trato justo con los proveedores y clientes, en fin, son principios generales ordenadores e inspiradores de la actividad empresarial, que básicamente ponen en el eje la total compatibilidad entre la legítima rentabilidad que buscan los accionistas de una empresa con el desarrollo social de las comunidades vecinas, con el crecimiento de las personas que trabajan en la empresa, con el trato justo a los proveedores y un trato simétrico con los clientes.

Hay quienes dicen que estas cosas son contradictorias, que lograr mayor utilidad, que finalmente es la principal fuente para reinvertir en crecimiento es contradictorio con lograr todo esto. Yo creo que es al revés, una cosa se potencia con la otra. La rentabilidad de las empresas solo es sustentable en el largo plazo si al mismo tiempo procura el desarrollo de las comunidades vecinas, el crecimiento de las personas que trabajan y el trato justo con proveedores y clientes, de otra forma, esa rentabilidad no va a ser sustentable. Y a la inversa, el desarrollo social, el trato justo a proveedores y clientes y el crecimiento de quienes trabajan en la empresa, requieren del crecimiento rentable de las empresas, si no, estas cosas van a ser poco sustentables, de corto plazo. ¿Cómo ha evolucionado la ética en los negocios y la economía? Los desafíos cambian con los cambios de contexto, no hay duda.

La ética es algo que debe guiar la acción personal de cada uno y lo que debe procurar la empresa es que la cultura y ecosistema empresarial incentive el comportamiento ético de cada uno de los integrantes de la empresa, pero finalmente la ética la aporta cada persona. Pero, obviamente, los desafíos son distintos. Una empresa que en un principio pudo haber sido pequeña, familiar, donde el dueño era al mismo tiempo gerente y conocía a todas las personas que trabajaban ahí, y se transforma en una multinacional con presencia en 10, 15 o 20 países, con cientos de miles de empleados, pasa a tener una discusión mucho más compleja. Por lo tanto hay que tener mucha consciencia que en esos sistemas complejos que son las empresas, compuestos por personas tan imperfectas como todos, es muy relevante gestionar sistemáticamente una cultura empresarial de alto estándar ético, de transparencia, compliance, y al mismo tiempo ser conscientes con humildad de que aún teniendo una gran cultura empresarial, sistemas de control y de gobierno corporativo de clase mundial, igual siempre va a ser posible que en un sistema compuesto por personas ocurran malas prácticas, que incluso puedan ser constitutivas de delito.

En el fondo, la palabra acá es sistemático, uno puede tener consciencia de la importancia de una cultura empresarial pero la pregunta más difícil es ¿la estoy gestionando sistemáticamente? Esa es la idea de este documento de Evolución Empresarial, que las empresas socias, colectivamente a través de Sofofa, estemos permanentemente actualizando, conversando, teniendo aprendizajes recíprocos unas con otras, de cuáles son las mejores prácticas empresariales para ir construyendo en forma evolutiva esta cultura empresarial que tiene que estar siempre actualizándose a estándares más complejos. La sociedad más empoderada, diversa, con muchos más actores que se activan en el debate público, que exigen estándares de transparencia que antes no exigían, por supuesto desafían a la empresa a evolucionar. 

¿Cómo ven la evolución de la confianza en las empresas? Hay mejoras bien considerables de la confianza hacia las empresas y hacia los gremios empresariales, lo que es positivo, pero nunca hay que ser autocomplaciente. La confianza se construye todos los días, nunca es un stock que está lleno y que puedo declarar logrado el objetivo. La sociedad siempre sube los estándares, por lo tanto si me mantengo pasivo, por definición va a haber una brecha entre los estándares que exige la sociedad y lo que la empresa está entregando. Por lo tanto, siempre tiene que estar desafiada a evolucionar, a ser más transparente, a implementar mejores prácticas, a gestionar sistemáticamente la cultura empresarial.

La transparencia es un tema bien relevante, que dice relación con el cómo; una empresa puede hacer las cosas muy bien, tener buenos sistemas de control, ejecutivos de alto estándar profesional y ético, y si no es transparente en su accionar, serán otros los que van a contar la verdad de la empresa por ellos, entonces aquí no hay opción, no existe la opción de pasar ‘piola’. Cualquier gerente general o presidente de empresa debe tener un rol público permanente y siempre procurar un estándar de transparencia muy elevado.

Es el principal antídoto contra las malas prácticas y la mejor manera de evolucionar frente a una sociedad demandante. ¿Qué piensa de la autorregulación y del sistema que se ha dado la publicidad, que está cumpliendo 30 años? A pesar de que la palabra autorregulación está deslegitimada, ya que hay muchos que dicen que no funciona, creo que somos los principales interesados en el mundo empresarial en revalidarla, porque en lo que se refiere a buenas prácticas empresariales, con respecto a la relación de una empresa con sus consumidores, proveedores, comunidades, trabajadores, la mejor respuesta es la autorregulación. Una ley nunca va a ser un sustituto tan completo como la autorregulación, siempre va a dejar temas fuera o regular de mala forma cosas que son mejor enfrentadas a través del libre acuerdo voluntario entre dos partes.

Ahí tenemos que hacer una autocrítica porque, por ejemplo, en la relación de las empresas con sus proveedores pequeños, finalmente se está discutiendo una ley en la que nosotros estamos colaborando para que salga bien. Reconocemos la importancia de que exista esa ley en el contexto actual, en parte porque llegamos tarde a esa discusión. Si hubiéramos implementado una autorregulación decidida, creíble, oportunamente, quizás no hubiera sido necesaria la ley.

Hoy es una realidad, pero aún en presencia de la ley, es fundamental un marco de acuerdo voluntario entre empresas y proveedores porque la ley no va a ser capaz de regular todo, ni las diversas relaciones que existen, no se puede poner en todos los casos. Así que creo que es muy importante que los avisadores lleven la delantera en este sentido, que tengan 30 años con una autorregulación. Me encantaría conocerla con mayor profundidad para opinar, pero el hecho de tener una autorregulación por tanto tiempo me parece positivo porque un desafío empresarial es volver a validar la palabra autorregulación.

 

 

 

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