Las universidades y sus desafíos competitivos

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En los últimos años las instituciones de educación superior se encuentran operando en un entorno altamente competitivo, cambiante y complejo, pero lo hacen sin dejar de tener presente que la educación se centra básicamente en el desarrollo progresivo del conocimiento y las habilidades de los alumnos, y también en crear un ambiente de seguridad e interacción saludable entre los estudiantes, académicos y el resto de las personas que integran las instituciones.

Este escenario generó importantes cambios en el ámbito educacional, por cuanto de manera creciente las universidades se están enfocando en la mejora continua de las actividades que desarrollan y en razón de esto se comparan con las instituciones de mayor reconocimiento a nivel mundial.

Como resultado, estas instituciones educativas se orientan en alcanzar un desempeño óptimo, generar ingresos, y obtener prestigio académico y social. Es así porque la competencia de los sistemas universitarios se observa en cuestiones como el financiamiento, la matricula estudiantil, las becas entre estudiantes, la posición en los rankings nacionales e internacionales, y en otras distinciones que se presentan en un contexto de globalización de la educación superior y del crecimiento en número, tamaño, especialización y misión de la oferta educativa.

Dado esto, las universidades tienen el desafío de demostrar la calidad de sus diferentes procesos y resultados, y de desarrollar una base sólida que les permita alcanzar altos niveles de calidad a través de la creación de valor y la mejora continua de sus procesos organizacionales.

Sin embargo, en este proceso se produce una tensión entre los esfuerzos y las prácticas de mejora de la calidad impulsadas internamente por las instituciones de educación superior y las presiones que provienen por los cambios en el entorno externo. Esta situación se presenta en un contexto de educación superior en el cual distintos actores manifiestan su preocupación por mayores niveles de regulación en el sector, y que surgió como respuesta a las demandas de la población, al deterioro de la calidad de algunas instituciones, a cambios en el comportamiento de los estudiantes, y a que desde las empresas y la sociedad se demanda por profesionales con nuevas habilidades y destrezas, y por nuevos roles de las instituciones de educación superior.

Como resultado, las modificaciones del entorno han provocado un cambio en la perspectiva de las políticas públicas en educación, debido a que las reformas que se están generando en distintos sectores de educación superior buscan que se amplíe la capacidad de regulación del Estado sobre el sector a través de mecanismos de evaluación externa de la calidad. En ese sentido, los niveles de acreditación, directamente relacionados con la medición de la calidad, son de utilidad para todos los actores del sistema, ya que permiten apreciar las diferencias existentes entre las instituciones.

De esta forma, los Estados adquieren un carácter evaluador y regulador del sistema, puesto que se observan mayores niveles de demanda por control de calidad, debido a que tanto los responsables políticos como los agentes sociales han comenzado a exigir que las universidades justifiquen sus resultados.

Esto se debe a que el éxito de las universidades no solo se mide por los resultados financieros o participación de mercado, sino que también por la percepción y satisfacción de los estudiantes, debido a que son los principales beneficiarios de la educación, y por consiguiente son ellos los que mejor pueden valorarla.

Y explica por qué las instituciones de educación superior con positiva satisfacción de sus estudiantes presentan mejores indicadores de desempeño financiero, lo cual les permite captar recursos, mantener una posición competitiva en los sectores en los que participan, fortalecer su posicionamiento estratégico e influir en las intenciones de comportamiento de los alumnos. Además, estas instituciones contribuyen con la mejora de la calidad, prosperidad económica, movilidad social y competitividad de los países, ya que de todos los servicios, el sector de educación superior es aquel que más se relaciona con el crecimiento de una sociedad y su desarrollo socioeconómico, puesto que para lograr un desarrollo como país, es fundamental la creación de conocimiento como un elemento central para mejorar la calidad vida y progreso, y fundamental para el desarrollo sostenible y la mejora en el bienestar de las personas.

Luis Araya Castillo
Decano, Facultad de Ingeniería y Empresa, Universidad Católica Silva Henríquez (UCSH)
PhD in Management Sciences, ESADE Business School
Doctor en Ciencias de la Gestión, Universidad Ramon Llull
Doctor en Empresa, Universidad de Barcelona

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