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Eduardo de la Fuente, Sociólogo y MBA PUC

Elementos para pensar en una “Cultura del Futuro”

Terremoto

La última versión de la encuesta Chilescopio aplicó un módulo de preguntas relacionadas con las percepciones y la forma en que los chilenos proyectan el futuro propio y el de las personas más cercanas.

En términos generales, la importancia que le dan los chilenos al futuro es más bien baja. Ante la pregunta: “¿Qué cree usted que es lo más importante en la vida?”, un 65% declara que es el “presente de uno”, un 30%, “el futuro de uno” y sólo un 3% menciona el “pasado de uno”. Respecto a percepciones más personales, un 72% prefiere más disfrutar el presente que planificar tanto el futuro y sólo un 49% declara ser una persona que piensa mucho sobre el futuro.

Otra variable que nos da luces sobre la poca relevancia que le otorgan los chilenos al futuro, tiene que ver con el ahorro. El ahorro implica planificación, mirar un poco más allá. Y el estudio nos muestra que un 47% declara no ahorrar dinero, un 37% ahorra algunos meses y sólo un 14% ahorra dinero cada mes (interesante también la sinceridad arrolladora de una pregunta que podría ser fácilmente respondida de manera “políticamente correcta”). Los datos no son sorprendentes ni novedosos. Históricamente, Chile – Latinoamérica en general – no se ha caracterizado por ser un país cuya gente – tanto la elite como el resto – piense mucho en el futuro. Las planificaciones de más de cinco años son impensables. El retorno de las inversiones debe ser inmediato y el costo del error es casi imperdonable. Porque es ahora cuando tiene que ocurrir todo.

Entonces la pregunta que surge es ¿cómo crear una “cultura de futuro”, en un país con poca experiencia en “mirar a largo plazo”? Creo que hay tres temas que son importantes de considerar, tanto desde el mundo de las políticas públicas como de la planificación de las empresas privadas. Estos elementos se recogen básicamente de la representación simbólica en medios de comunicación, contenidos y la conversación social que logra más presencia. • La inmediatez gana terreno: La rápida evolución de las comunicaciones genera la ilusión de que todo tiene que ocurrir “ahora” y que esta inmediatez se transforma en un derecho. Las redes sociales no es algo que vengamos a descubrir ahora, pero al menos hay que recordar que se hacen escuchar con mucha fuerza, comunican que el presente es lo que vale (la lógica de la “selfie”) y que el futuro pierde sentido si no se logra tener un buen presente. Este discurso – lo que es esperable – está más presente en los jóvenes. “Los cambios son ahora”, dicen…y decían otras generaciones de jóvenes también. • La vida de los adultos está siendo sistemáticamente subvalorada: En términos de representación en los medios y los contenidos, los adultos son habitualmente caracterizados con atributos que atentan en contra del imaginario de la “inmediatez”. Los adultos son aburridos, monótonos, predecibles, lentos, adversos al riesgo (todo lo contrario de los “valores” que adhieren los jóvenes).

Pero hay un elemento que también está presente en la vida adulta y cuesta que sea relevado. Los adultos (su gran mayoría) tienen compromisos y obligaciones hacia otros que son de largo plazo. En este sentido, los adultos dejan paulatinamente de ser “presentistas”, lo que disminuye el peso de la inmediatez. En pantalla hay algunos ejemplos en que el éxito – relativo – de audiencia está explicado por el paso del “ahora”, al compromiso más de largo plazo. Algunos ejemplos: una historia como “La Pequeña Casa en la Pradera” es destacada por los televidentes por un elemento fundamental: un padre presente, que tiene tiempo y está preocupado por su familia; “Papá a la deriva” muestra a un padre viudo cuya principal preocupación son sus hijos; “Somos los Carmona” presenta a Rosita, la madre ejemplar, preocupada por el futuro de sus hijos (y de los abuelos también); “Moisés” (la teleserie brasileña) muestra a un líder valiente, que corre riesgos para cuidar y proteger a su pueblo.

La gran mayoría de los éxitos masivos de contenidos se explican por claves de contenido similares. Esto se puede aplicar a muchas industrias. Aparentemente hay ciertos tipos de audiencias que no estamos mirando con mucho detalle…ni interés.


• Hay cosas que cambian y otras que no cambian: Es imposible negar el hecho de que hay muchas cosas que han cambiado en los últimos años. Sin embargo, si nos quedamos con eso, también podríamos decir que hay muchas cosas que han cambiado en los últimos doce mil años, desde que el homo sapiens comienza su vida sedentaria. Pero lo cierto es que también hay muchos temas y situaciones que varían muy poco en la historia. La encuesta CEP de julio-agosto 2017 muestra que los principales problemas a los que el gobierno debiera dedicar mayor esfuerzo en solucionar son: “delincuencia”, “salud”, “educación”. ¿Cambian las prioridades en el mediano o largo plazo en Chile?

Por otra parte, el estudio “Chile Dice” de Emol y la UAH muestra los tres principales problemas del “Chile actual”: “acceso y calidad de salud”, “delincuencia e inseguridad”, “acceso y calidad de la educación”.

Concluyendo, los sueños, los temores, los anhelos, los valores, son todos conceptos que implican de cierta manera una mirada de futuro. ¿Quiénes están pensando con más fuerza en ese sentido? A mí juicio son las personas que tiene menos representación simbólica y menos valorización en la sociedad actual: los adultos. La principal preocupación en las familias chilenas sigue siendo la educación de los hijos. Para eso el trabajo estable y una buena cuota de sacrificio son elementos fundamentales en la estructuración de una familia de clase media o media baja.

La preocupación por el futuro no ha sido algo fácil en Chile. Se me ocurren rápidamente tres ejemplos históricos: el salitre, el cobre y la “generación dorada”. Más allá de aprovechar el buen presente, no hemos logrado generar los aprendizajes necesarios para proyectar alguna de estas actividades a largo plazo. Una alternativa es que las autoridades se tomen en serio el tema y que la forma de entender a Chile sea con una “mirada de futuro”, pero atentos a los aprendizajes del pasado. Viendo los datos de aprobación de los distintos grupos de líderes políticos y sociales, esta alternativa se ve bastante lejos de ganar legitimidad en la población.

Otra alternativa es que cada uno de nosotros esté convencido de que lo que hacemos ahora afecta dramáticamente nuestro futuro. Es muy probable que aquellos actores que logren mirar más allá de dos o cuatro años plazo se transformen en líderes de alto atractivo para aquellos que están siendo menos representados (y que son muchos).


Fuente: El blog de Vision Humana

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