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Roberto Izikson
Gerente de Asuntos Públicos y Estudios Cuantitativos
Cadem

Las claves de la próxima presidencial: confianza y cambio

Terremoto

Qué duda cabe que la elección presidencial de noviembre va a concentrar la agenda de los medios de comunicación y el debate público-privado de los chilenos. De hecho, ya lo está haciendo, por el vertiginoso escenario, donde semanalmente entran y salen candidatos de esta carrera, que para los próximos meses ya tiene fijados sus cuatro hitos más relevantes: la inscripción oficial de las candidaturas presidenciales a las primarias en mayo, las elecciones de cada bloque en julio y, finalmente, las escenas finales de esta película electoral con la primera vuelta presidencial y una cada vez más probable segunda vuelta.

Así, una parte importante de esta historia la escribirán aquellos que hoy no tienen un candidato o posición definida para las próximas elecciones: los mal llamados indecisos. Sin embargo, si bien este grupo se mueve alrededor de un significativo 40%, las cifras indican que prácticamente 8 de cada 10 de estos indecisos ya tomaron una decisión: no van a ir a votar en noviembre, y por tanto, la participación electoral debiese estar en un rango entre el 45%-50%. De esta forma, pensar que los aspirantes a La Moneda pueden aumentar sus apoyos a costa de capturar a los indecisos es más una declaración de intenciones que una realidad electoral. Hoy, el escenario de participación está moldeado y es poco lo que pueden seguir creciendo los presidenciables por esta vía. Lo que va a ocurrir finalmente es que los candidatos se van a quitar los votos entre sí, generando conflicto entre ellos, polarizando la elección y creciendo o decreciendo unos a costa de otros.

En este contexto, y con las primarias a la vuelta de la esquina (y en el caso de que ocurran), Sebastián Piñera y Alejandro Guillier son quienes lideran sus respectivos sectores. El ex Presidente no parece tener mayores oponentes en su sector: si bien los esfuerzos de Manuel José Ossandón y Felipe Kast suman adeptos, no alcanzan para rebatir la fuerza electoral y política del ex mandatario. En la Nueva Mayoría, con todos sus sobresaltos y con Ricardo Lagos Escobar fuera de la carrera, el senador por Antofagasta es quien tiene las más altas preferencias por sobre Carolina Goic. Así, la película tiene dos actores protagónicos: Piñera y Guillier. Ambos candidatos deberán tener en cuenta que es bastante probable que la campaña se desarrolle en torno a dos atributos centrales: Confianza y Cambio. ‘Confianza’ porque es la principal demanda para la oferta política por parte de la ciudadanía, y ‘Cambio’ porque, por lo general, las elecciones se tratan per se de cambios, más allá de que una de las partes representa siempre la continuidad del oficialismo. Así, las chances de cada candidato van a aumentar significativamente en tanto sean capaces de llevar estos atributos a las fortalezas de cada uno.

Si ‘Confianza’ se comienza a discutir desde la perspectiva de los atributos llamados blandos, como cercanía, empatía, honestidad y transparencia, Guillier aumenta sus expectativas de triunfo. Por el contrario, si ‘Confianza’ se entiende como preparación para ser Presidente y capacidad para gestionar los problemas y crisis del país, las opciones de Piñera crecen aún más. Mismo efecto se da con el ‘Cambio’. Si la mayoría de los chilenos entienden por ‘Cambio’ la idea de un “una cara nueva, ajena a la política tradicional”, la ventaja corre para el senador. En tanto, si ‘Cambio’ es la necesidad de un giro en el rumbo y los destinos del país, la delantera la toma el ex Presidente.

Ahora, estos distintos escenarios no existen por sí solos y conviven con la dinámica política, social y económica del país. De esta forma, que Guillier sea exitoso en su camino de llevar ‘Confianza’ y ‘Cambio’ a su lado de la cancha dependerá también en gran medida de cuánto pueda mejorar el gobierno en la recta final y, sobre todo, de cuánto se terminen alineando los partidos de la Nueva Mayoría con su campaña, considerando que hoy las confianzas internas están, por decir lo menos, muy quebradas tras la bajada de Ricardo Lagos. Adicionalmente, al camino de Guillier se sumó el “factor sorpresa” de esta elección: Beatriz Sánchez. Si bien la periodista manifiesta su domicilio político en el Frente Amplio, su explosivo crecimiento en las tres primeras semanas de campaña fue a costa de la izquierda de la NM. Y el principal damnificado fue Ricardo Lagos: desplazado del tercero al cuarto lugar de las encuestas, quedando tras Piñera, Guillier y la candidata-debutante, que lo duplicó en adhesión, con un 6% de menciones espontáneas en intención de voto en la primera semana de abril. Sánchez, además, tiene atributos más similares que diferentes con Guillier y no es poco probable que un desencantado Nueva Mayoría termine entregando su voto a la periodista. Más que convocar a un público distinto, la irrupción de Beatriz Sánchez ha sido y será a costa de Alejandro Guillier.

Para Piñera las aguas están algo más tranquilas. El fuego interno de la Centro Derecha no tiene la intensidad de la NM -pese a las polémicas por las primarias- y las altas expectativas de triunfo que concita su candidatura (1 de cada 2 chilenos cree que Piñera será el próximo presidente de Chile) hacen que sus preocupaciones giren principalmente en torno a su campaña y no a disputas políticas internas. Hoy, su camino parece más llano para llevar a su territorio los atributos de ‘Confianza’ y ‘Cambio’. Más aún si consideramos que las principales reformas de este gobierno (tributaria, educacional y laboral) arrastran desde 2014 mayores niveles de rechazo que de apoyo, que la capacidad de gestión del Ejecutivo se pone en entredicho ante cada lamentable catástrofe (remitámonos a los últimos incendios forestales) y, en definitiva, porque 7 de cada 10 chilenos creen que el país va por el mal camino en lo político, económico y social, y un 80% afirma que la economía del país está estancada o retrocediendo.

En el actual escenario, el camino al triunfo se encamina por ahora de forma más favorable hacia el ex Presidente. Ello, sumado a la baja aprobación de la Presidenta Bachelet y del Gobierno, hacen de su gestión un recuerdo positivo, más allá del ruido intermitente que le generan su relación entre la política y los negocios. Guillier, en tanto, tiene un desafío más complejo. La descomposición de la Nueva Mayoría impide que su campaña tome el vuelo suficiente y la irrupción de Beatriz Sánchez no hizo más que ensombrecer sus principales fortalezas.

Como sea, no podemos olvidar lo siguiente. Independiente de quien sea el ganador, tendrá que gobernar Chile con sólo un 25% de los votos de los 13 millones de chilenos mayores de 18 años habilitados para votar, tal como lo tuvo que hacer la Presidenta Bachelet. Gobernar no será una tarea fácil para ninguno en este contexto de cambio e incertidumbre. Señores, la carrera ya está en tierra derecha.

Fuente: Marcas&Marketing

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